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Periodistas y fake news en un mismo ecosistema puesto en jaque

Foto del escritor: Max Sopena Rey
Max Sopena Rey
7 nov 2021
2 min de lectura
A raíz de la Covid-19 la mayoría de gobiernos autoritarios han atacado a los periodistas y establecido fuertes mecanismos de censura informativa

Con la llegada de Internet cualquier persona puede situarse en cualquier lugar del mundo e informarse al respecto. Dentro de esta gran masa de información disponible, el usuario tiene que escoger desde dónde y sobre qué se informa. Y aún con eso, en muchos casos, se encuentra con dificultades para conocer la verdad total. En países donde existen regímenes autoritarios o gobiernos populistas esta problemática se acentúa todavía más, ya que los líderes buscan tener un control total de la información. Algunos casos podrían ser China, EE.UU. o Brasil.

La tendencia a pensar en los medios de comunicación como entes perversos es cada vez mayor y generalizada. Incluso en países de occidente como España sucede y en el día a día se ven múltiples manifestaciones que claman contra estos por manipular la información. Dentro de estas quejas, las principales se basan en la creencia de que se crean relatos que no se adecuan a la realidad y las fake news.

Desde hace dos años, con la llegada de la pandemia, la hostilidad hacia los periodistas ha aumentado y el número que suponen las peligrosas fake news es cada vez mayor. Presidentes elegidos democráticamente, como Donald Trump o Jair Bolsonaro, han nutrido esta tensión y las palabras que dirigen a la prensa desatan la cadena entre la población. Estudios como el Barómetro de Confianza de Edelman muestran que hasta el 57% de los encuestados desconfían de los medios de comunicación que consumen y piensan que estos pueden difundir noticias falsas. Y esto en pleno momento de consumismo digital, con una prensa que cada vez sufre más económicamente y con menos ingresos por publicidad.

Las leyes sobre la información en redes son pocas y blandas, no hay prácticamente regulación al respecto. De esta forma, la posibilidad de propagar un bulo por Internet y llegar a centenares de miles de personas es muy asequible. La información periodística convive en un mismo ecosistema con las fake news y la lucha por imponerse contra un “depredador” de sus características se antoja muy complicada.

Las redes sociales están diseñadas para expandir el contenido presente en ellas (tuits, fotos, comentarios…) de manera rápida y eficaz, captando la atención del usuario e intentando provocar que este también lo comparta en su perfil. De esta manera, la información falsa puede difundirse a gran velocidad y prácticamente sin control alguno. Por ello, algunas redes sociales han empezado a restringir cuentas y ciertos comentarios que son claramente falsos, incluyendo incluso de políticos.

La desinformación y la mala información son graves amenazas para la sociedad en general, pero afectan en gran medida a la figura del periodista. Los usuarios de las redes sociales que consumen la información dudan de la credibilidad de esta y, por ende, también de quién la difunde.

El periodista corre el riesgo de caer en la trampa del ecosistema. Debe cuestionarse la información sobre la que va a divulgar, cerciorarse de que es correcta -de manera libre e independiente- y posteriormente publicarla. Solo así su figura seguirá teniendo tantísimo valor y podrá combatir contra la desinformación y las fake news.


 
 
 

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©2021 por Max Sopena Rey.

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