Martí Ferreres: “Puedo decir orgulloso que frené a Doncic”

Actualizado: 14 mar 2022
Martí ya no juega en el Barça, pero nunca dejará de amar el baloncesto
Pocas horas antes de nuestro encuentro, Martí Ferreres (Cornellà de Llobregat, 1998) entraba a una entrevista con el objetivo de ser seleccionado para un máster en industria farmacéutica que le permitiría abrir nuevas puertas de futuro. Ahora, en cambio, le pediremos todo lo contrario: una mirada hacia su pasado. A Martí le gustaba jugar al baloncesto, de hecho era lo que mejor se le daba en su adolescencia. El físico le acompañó tanto a su talento como para valerle el fichaje por el equipo de sus sueños: el Barça. El destino no le iba a deparar una trayectoria deportiva soñada, pero sí un saco de experiencias únicas e inolvidables.
Han pasado ya más de cinco años desde que dejaste de jugar a baloncesto. ¿Has cerrado definitivamente la puerta o todavía hay un pequeño margen para volver a competir algún día?
Hace años tuve que tomar una decisión y valorarla teniendo en cuenta múltiples factores. Y sí, en el sentido competitivo he cerrado la puerta definitivamente al baloncesto. Ahora bien, eso no quita que de vez en cuando me gusta ir a echar unas pachangas con mis amigos.
Llegaste al Barça en etapa escolar, ¿qué supone a nivel mental para un niño fichar por el club más grande de su ciudad?
Es algo que hemos comentado muchas veces entre los compañeros de aquel equipo y casi todos pensamos igual. En ese momento no te das cuenta, estás en una burbuja. Sabes que juegas en el Barça y que la gente te mira por la ropa que llevas, pero nunca lo ves como cuando ya estás fuera y eres más maduro. Tardas mucho tiempo en asimilarlo.
En la escuela tuvo que ser muy comentado. ¿Notaste un cambio de trato de los compañeros o profesores?
Sí, pero no sentí que fuera algo diferencial en mi día a día. Es cierto que todos venían a preguntarme por el Barça y contra quien jugabas, pero el grupo de amigos siguió siendo el mismo y ellos ya sabían que jugaba en ligas de baloncesto de alto nivel.
Y con tus padres, ¿cómo lo gestionan ellos?
Antes de fichar por el Barça jugaba en el Cornellá, el club de mi ciudad y uno de los mejores de España en esas categorías. Mis padres supieron que ficharía por el Barça mucho antes de decírmelo, pero no me lo explicaron hasta que ganamos un torneo importante que se hacía en Reus. Desde el primer momento ellos me hicieron ver que tenía que mantener esa ilusión inicial, pero que tenía que tomarlo con respeto para poder asimilar donde iba a jugar.
Los estudios y el entrenamiento en un club de élite parecen tener difícil combinación.
En mi caso, concretamente llegué al club en primero de la ESO y tuve la suerte de vivir muy cerca de la Ciutat Esportiva del Barça. Eso me permitía combinar a la perfección estudios y deporte. Desde el club siempre nos inculcaron que era necesaria la misma disciplina en el basket que en los estudios. Eso sí, recuerdo que aquellos compañeros que venían de lejos y hacían una hora en coche cada día tenían más dificultades para mantener buenos hábitos.
Además, vuestra generación en particular coincide con el inicio del auge de las redes sociales. ¿Cómo es la gestión del ego en esas edades en casos como el vuestro? Sobre todo teniendo en cuenta que estáis cumpliendo lo que para muchos otros niños y niñas es un sueño: jugar en el Barça.
Jugar en el Barça te sube el ego. La camiseta pesa muchísimo. Incluso la gente de tu entorno te pide si le puedes dar unos pantalones o una camiseta de las que llevas. Por suerte, nosotros fuimos un grupo muy compacto y creo que nos ayudamos entre todos para no dejarnos llevar por lo que dijera uno u otro. Vuelvo a lo mismo, éramos críos que vivíamos en una burbuja que no asimilábamos.
En mi caso, como no era la estrella del equipo, nunca tuve problemas de ego. Sin embargo, durante los años sí vi a compañeros que cada vez se lo creían más, afectando para bien y para mal.
Pese a ser muy jóvenes, estando en la élite, tú y tus compañeros os debisteis topar pronto con el mundo de los agentes. ¿Cuándo y cómo llegan a vuestras vidas?
Lo primero es entender que el basket no es como en el fútbol. Cuando fichamos por el Barça ni mis padres ni yo conocíamos nada del mundo de los agentes y lo que había detrás. Pronto te das cuenta de que en este nivel de competición, el baloncesto no consiste únicamente en salir y meter 10 triples; debes tener a alguien que te guíe.
Durante el primer año nadie tuvo agente, pero a partir del segundo sí aparecieron. Varios compañeros tuvieron representantes con 12-13 años. Nunca fue mi caso. El problema llegó cuando los jugadores pasaban de probar 10 tiros por partido a 20 con el fin de hacerse notar. Eso afectó a la dinámica del grupo.
Y a los entrenadores, ¿les afecta?
Totalmente. El entrenador decide, pero no es el único. Hay mucha gente detrás como el gerente o el director técnico que prefieren apostar por ciertos jugadores. Y en estas decisiones tiene mucho que ver la figura del agente.
Entre tus compañeros de equipo estaba Sergi Martínez, ¿qué sientes al verlo ahora como jugador de la primera plantilla?
Mucho orgullo. Sergi está teniendo la trayectoria que merece porque siempre fue un jugador que se lo curró mucho. Él era un año menor y siempre que venía a ayudarnos se comprometía con el equipo tanto en defensa como en ataque.
Sergi Martínez es el único jugador que se ha consolidado en el primer equipo en los últimos años. ¿Crees que la apuesta desde el club por la cantera es escasa?
Sí, pero también entiendo que el Barça no es ni el Joventut ni el Manresa. El Barça aspira cada año a ganar la Euroliga, por lo que confiar en la cantera es difícil. En mi opinión, el Barça debe encontrar el balance entre apostar por el talento que se forma en casa y el fichaje de los mejores.
Otro de tus compañeros era Oriol Tres, popularmente conocido como TrescoBall tras su reconversión al mundo youtuber. Contando experiencias que vivisteis juntos ha llegado a codearse ya en streamings con gente del nivel de Ibai Llanos.
A Oriol ya le conocía antes de ser compañeros de equipo porque nos habíamos enfrentado varias veces. Desde el primer momento tuvimos mucho feeling. Él siempre tuvo dotes para comunicar y ha sabido mezclar sus dos talentos para hacerse un nombre. Del mismo modo que con Sergi Martínez, me enorgullece ver que está arriba y consiga esas cifras.
Sin embargo, el jugador de más renombre de tu generación era tu rival: Luka Doncic. ¿Cómo se vivían esos duelos?
Mi historia con Luka Doncic empieza antes de que llegara a Madrid. Fuimos a jugar a Budapest y él jugaba para el Olimpia de Liubliana. Recuerdo que el staff nos dijo: “ellos tienen a un chaval que pese a ser de un año menos es el referente y hay que pararlo como sea”. Al ser un jugador de carácter puramente defensivo, me encargaron defenderlo personalmente. Puedo decir orgulloso que las primeras veces logré frenar a Doncic. No obstante, en ese partido ya supe que Luka tenía algo especial.
El año siguiente fichó por el Madrid y nos enfrentamos a él varias veces. Cada vez que jugábamos me encargaban la misma tarea, pero cada partido era más y más difícil. En mi último año en el Barça ya me fue imposible, hacía cosas que no eran normales para un jugador de su edad. Además, sumó a su talento un físico superior que le ha llevado a convertirse en lo que es hoy, el mejor jugador europeo joven del mundo.
Ganasteis muchos títulos. Pero, ¿cuál fue el más especial?
En mi primer año en el Barça arrasamos en todas las competiciones. Incluso al Madrid, llegábamos a ganarles con 45 puntos de ventaja. Pero el año importante fue el siguiente, en infantil de segundo año. Era un año en el que nos lo jugábamos todo en los torneos más importantes del país. Si me tengo que quedar con uno sería sin duda con la Mini Copa del Rey de aquel año. La ganamos 83-78 en Barcelona y contra el Madrid de Luka Doncic. Ese fue nuestro primer gran torneo y nuestras fotos salieron en varios periódicos.
Y en el cómputo global, ¿con qué te quedas de tu etapa como jugador del Barça?
Sin duda, con los viajes fuera y dentro de España. De hecho, mi recuerdo más bonito fue tras una derrota inesperada en el Campeonato de España ante la Penya. Para nosotros fue una derrota durísima porque veníamos de ganarlo todo. Sin embargo, esa noche nos juntamos todo el grupo en una habitación y se nos pasó el disgusto. Aquella noche nos reímos a carcajadas, nos recompusimos anímicamente y aprendimos pese a la derrota.
Y cuál es la parte mala. ¿Qué es lo que no sabe la gente del deporte formativo de élite?
Para mí hay dos grandes handicaps. El primero es lo que dejas atrás por una apuesta que no es nada segura. Esto incluye a familia y amigos. Yo tuve suerte, pero me imagino lo duro que llegó a ser para aquellos que venían de lejos de Barcelona.
Por otro lado, mi gran problema fue la pérdida de confianza como jugador de baloncesto. Siendo todavía un adolescente veías como, mereciéndolo o no, algunos jugadores pasaban a tener más minutos por decisiones de un externo al grupo, como el director técnico. Eso me bajaba la confianza y me hacía dudar de si quería seguir jugando al baloncesto. Yo me sentía muy cómodo en defensa, pero cuando tenía la pelota en ataque las dudas invadían mi cabeza y sentía demasiado el peso de la camiseta.
Siempre fuiste un jugador de características defensivas, ¿no te hubiese gustado tener el peso anotador del equipo?
Seguro que sí. Cada vez que tenía el balón en ataque miraba a un compañero para pasarle el balón y darle la asistencia. A causa de tener la confianza baja, no tenía la capacidad de tomar decisiones arriesgadas y me limitaba a hacer aquello con lo que me sentía cómodo. También entiendo que en un equipo debe haber un balance y que había gente mucho mejor que yo en facetas ofensivas.
Entonces, ¿qué crees que te faltó para poder continuar en el baloncesto de élite y dar un paso más?
Más trabajo a nivel individual. Yo ya estaba contento con mi vida, con ir a jugar con mis compañeros para luego salir y hacer vida normal con mis amigos de siempre. Quizá me hubiese ayudado ser más consciente de donde estaba y si, por ejemplo, necesitaba ir un sábado a practicar mi confianza en el tiro, hacerlo.
Por otra parte, estoy muy contento con cómo lo gestioné y con el haber podido pasar tanto tiempo con los míos. Porque lo más posible es que aún haciendo estos sacrificios nunca hubiese llegado a la élite profesional. Somos muchos niños los que soñamos con ello, pero muy pocos los que lo logran.
La salida del club es abrupta, ¿cuándo empiezas a sospechar que no vas a continuar?
En mi último año lo tuve claro. Al principio de mi tercera temporada gozaba de bastantes minutos, unos 20-25 por partido. Sin embargo, a media temporada, tras las reuniones entre entrenador y directores técnicos, pasé a jugar 5 minutos de media. No fui el único al que le sucedió. Por ende, llegado el final de la temporada ya me lo vi venir.
Tuvo que ser un golpe muy duro en lo anímico.
No te creas. No puedo negar que el primer impacto al recibir la noticia es duro, pero conseguí llegar preparado mentalmente. Anualmente, se hacía una charla entre tus padres, el director deportivo, el entrenador y tú mismo que era un momento terrorífico. Te citaban en una salita para comunicarte si seguías o no en el club. Eran momentos muy tensos, porque siempre había alguna sorpresa.
En el momento en el que te dicen adiós, de golpe ves como dejas atrás la bolsa de ropa del Barça, los viajes, a tus amigos… Eso es muy duro. Agradezco mucho a mis padres la ayuda a la hora de prepararme mentalmente para ese fatídico momento, ya que consiguieron que no lo viera como una derrota.
De hecho, no fue en ese momento en el que dejaste el basket. Decidiste volver a tus orígenes y seguiste jugando unos años más en el club de tu ciudad, el Cornellà. ¿Por qué?
Porque seguíamos siendo uno de los mejores equipos de Cataluña. Allí podía jugar con menos tensión y a un alto nivel. Además, pese a que nunca conseguí recuperar totalmente mi confianza en ataque, en Cornellá no sentía tanta presión. Gozaba de mucho más peso en el equipo y era uno de los que más galones tenía pese a no ser el anotador. En mi vuelta al Cornellá seguí disfrutando del baloncesto e incluso llegamos a ganar al Barça en alguna ocasión, que me lo tomé como una hazaña personal. Eso sí, no conseguí crear ese sentimiento de grupo y amistad total que sí logré con prácticamente todos mis compañeros del Barça.
¿Te arrepientes de algo?
No, arrepentimiento no es la palabra. Aunque sí que me lo tomaría diferente y no me preocuparía por lo que pudiesen pensar figuras como el director técnico. Si volviera atrás tiraría más y fallaría más, pero me preocuparía menos y tendría confianza en mí mismo.
Además, soy consciente de que hay muy pocas personas que te puedan explicar lo que te estoy contando. Me llena de orgullo poder explicar que defendí a Luka Doncic, que fui campeón de España o que fui compañero de Sergi Martínez. Al fin y al cabo he jugado en el club que amo. Además, aprendí muchísimo a nivel personal y soy quien soy gracias a estas vivencias.



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