Los nuevos retos que afronta la figura del periodista

Desde la llegada de Internet y el inicio de la globalización, los medios de comunicación han sufrido cambios drásticos. El periodismo ha tenido que adaptarse y reinventarse a lo que demanda un nuevo ecosistema informativo fundamentado en la red. En la sociedad globalizada moderna, los canales de comunicación son extremadamente diversos, los mensajes prácticamente infinitos y los receptores pueden ser de cualquier clase y lugar. La información periodística convive en un mismo ecosistema con las fake news, pero los buenos periodistas deben luchar por imponerse contra ellas mediante el rigor informativo y su instinto periodístico.
A través de las redes sociales cualquier persona puede difundir una información en segundos. Las redes sociales están diseñadas para expandir el contenido presente en ellas (tuits, fotos, comentarios…) de manera rápida y eficaz, captando la atención del usuario e intentando provocar que este también lo comparta en su perfil. Las leyes sobre la información en redes son pocas y blandas, no hay prácticamente regulación al respecto. La suma de todos estos factores provoca que la información falsa pueda difundirse a gran velocidad y prácticamente sin control alguno.
Ante la llegada de una información susceptible de convertirse en noticia, el buen periodista debe cerciorarse de su veracidad e interpretarla para, posteriormente, publicarla. La imperiosa necesidad de inmediatez en la sociedad juega en su contra, pero el deber de un buen periodista es no caer en ninguna de las trampas o trabas que el ecosistema de la red le suscita.
El periodismo debía reinventarse ante la llegada de internet y así lo está haciendo. Conscientes de que es el método más fácil para conseguir audiencia e informar a la mayor cantidad de gente a la vez, cada vez es mayor la cantidad de información y contenidos que los medios tradicionales comparten vía web. El periodismo digital ha vuelto a dotar de valor a la figura del periodista, ya que en un ecosistema plagado de información este toma una posición de juez. El periodista elige lo interesante entre todo lo que ha pasado, lo interpreta y lo traduce al lenguaje periodístico estructurado y, finalmente, lo comunica u opina al respecto. Siempre procurando acercarse lo más posible a la imparcialidad y al rigor que demanda la profesión. Todo este proceso crea un relato y una realidad, aspectos determinantes que nos ayudan a responder la pregunta de qué es periodismo de calidad.
Sin embargo, la tendencia a pensar en los medios de comunicación como entes perversos es cada vez mayor y generalizada. La figura del periodista no es ajena a este grave problema, más bien al contrario, es punto central. En líneas generales, el comportamiento que reciben los periodistas es cada vez más hostil, tanto por parte cierta de la audiencia como incluso de ciertas instituciones de poder contrarias a las informaciones que publican. Durante la pandemia por la Covid-19 vimos un ejemplo claro en las actitudes de Bolsonaro (Brasil) y Trump (Estados Unidos), quienes tildaban de manera claramente despectiva y sin miramientos a los periodistas de manipuladores de la información.
Aún con esto, los usuarios de las redes sociales muestran ser conscientes de la relevancia de la figura del periodista. Según el Estudio de uso y actitudes de consumo de contenidos digitales más reciente publicado en 2021 por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) los usuarios de las redes sociales que consumen una información dudan de la credibilidad de esta y, por ende, también de quién la difunde. Este informe muestra que el 42,1% de los españoles sigue acudiendo a medios reconocidos para confirmar una noticia y únicamente un 3,2% lo consulta solo en redes sociales. El buen periodista no debe basarse nunca en conjeturas, ha de ser preciso y debe aportar al lector una visión crítica de la situación que está relatando; únicamente así su figura seguirá teniendo el valor en la sociedad que se le demanda y podrá zafarse de las ya nombradas trampas del ecosistema informativo provocado por la globalización.



Comentarios