La primera gran conquista europea del FC Barcelona

Los azulgranas tuvieron que sufrir muchísimo para ganar al Fortuna Düsseldorf por 4-3 en la prórroga
Alzarse con la ‘Recopa de Basilea’ en 1979 supuso un antes y un después en la historia del club
El 16 de mayo de 1979 el FC Barcelona cambió su historia en Europa. La afición azulgrana siempre recordará esa fecha por ser la final de la Recopa de 1979; o lo que es lo mismo, por la conquista de su primer gran título europeo. La final, disputada en Basilea ante el Fortuna Düsseldorf, acabó decidiéndose en la prórroga con un resultado de 4-3. En aquel equipo entrenado por Joaquim Rifé jugaban grandes leyendas del club como Neeskens, Migueli, Rexach, Asensi o Carrasco.
La temporada anterior, la gran estrella del equipo, Johan Cruyff, había dejado el Barça. Sin embargo, el holandés se despidió de la misma manera que llegó, ganando un título: la Copa del Rey. Aquella victoria ante el U.D. Las Palmas otorgaba el pase a disputar la Recopa la temporada siguiente. Esta competición europea, ya extinta, la disputaban los campeones de copa. La del 1978-79 fue la decimonovena edición de la Recopa y la disputaron 31 equipos de 30 federaciones, puesto que el ganador la temporada anterior, el RSC Anderlecht, defendía el título. El torneo se disputaba en formato eliminatorio a doble partido, excepto la final que se disputó en un campo neutral: el St. Jakob Park de Basilea.
En ese mismo año, 1978, Josep Lluís Nuñez llegó a la presidencia del club y trajo consigo a grandes fichajes, que serían entrenados por el francés Lucien Muller. En la primera ronda de dieciseisavos, al Barça le tocó enfrentarse al Shakhtar Donetsk. Los azulgranas solventaron la eliminatoria en el minuto 1 con un gol del delantero austríaco Johann Krankl, que acabó el partido con un doblete; el partido de ida acabó 3-0 gracias a otro gol de Sánchez. Finalmente, el empate a 1 conseguido en la vuelta valió el billete a octavos de final.
En octavos, los culés fueron emparejados con los vigentes campeones del torneo, el RSC Anderlecht. La ida se jugó en Bélgica y el resultado fue de 3-0, por lo que el Barça necesitaba hacer un partido perfecto en el Camp Nou para poder continuar en el torneo. Muller alineó a toda la artillería ofensiva y a los 8 minutos de encuentro Krankl ya había marcado el primero. El gol de Heredia al filo del descanso dio esperanzas a los azulgranas, pero el empate de la eliminatoria se hizo de rogar hasta que Zuviría se inventó una gran jugada individual que hizo estallar al público. Finalmente, todo se decidió en una tanda de penaltis en la que el portero Artola fue decisivo, parando el primero y desviando al palo el segundo.
La ronda de cuartos de final también deparó una noche mágica en el Camp Nou. El rival del FC Barcelona fue el Ipswich Town, un equipo histórico de Inglaterra y que ese mismo año cumplía su centenario. La ida se disputó en Portman Road y fue un partido muy igualado que acabó con victoria local por 2-1. El gol del ‘Boqueron’ Esteban no bastó para derrotar a los ingleses tras el doblete de Guddis, pero sí fue la clave de la eliminatoria.
De nuevo, el Camp Nou se llenó por completo con la esperanza de vivir otra remontada. En el minuto 39, tras un córner centrado por Neeskens y un mal despeje del rival, Migueli se tiró en plancha para cabecear el balón y anotar el único tanto del marcador. De este modo, gracias al factor campo, el Barça pasó a semifinales. Este partido es recordado por un factor extradeportivo, siendo una de las poquísimas veces en la historia en la que el FC Barcelona vistió de blanco, color asociado a su máximo rival el Real Madrid.

El Barça volvía a enfrentarse a un equipo belga en semifinales: el KSK Bevereen. El equipo flamenco era conocido por su poderío defensivo. De hecho, todavía no había encajado ningún gol en el torneo y venía de dar la sorpresa tras eliminar al Inter de Milán. Además, el nivel ofensivo azulgrana estaba siendo muy flojo y el público se estaba empezando a impacientar pidiendo que jugadores jóvenes como ‘Lobo’ Carrasco tuvieran más minutos. Pese a ello, Lucien Muller siguió apostando por un once más conservador y Carrasco solo dispuso de 4 minutos. Por suerte para los azulgranas, el árbitro pitó un penalti muy dudoso a su favor que Carles Rexach no desaprovechó para sellar el 1-0 final.
La victoria no cambió la dinámica y el equipo no respondía a las expectativas creadas. Tras una dolorosa eliminación en Copa del Rey ante el Valencia, el presidente cesó a Muller y puso a Joaquim Rifé en su lugar.
El resultado de la vuelta fue calcado al de la ida y todo se decidió por un gol de penalti lanzado por Krankl en los últimos minutos. Sin embargo, Rifé sí arriesgó con su planteamiento y el equipo mostró un juego brillante y muy ofensivo. Con esta victoria por la mínima, el Barça obtuvo el pase a la final de la Recopa.
La semana previa a la final fue durísima para el Barça. Heredia y Migueli se lesionaron en el partido previo, aunque el central aseguró que jugaría la final vendado e inyectado. Además, Neeskens pasó la noche anterior con gastritis y su presencia en la final peligró hasta el último momento. La situación más dura fue la del goleador Krankl, puesto que su mujer había sufrido un gravísimo accidente automovilístico. Pese a todos los contratiempos, el equipo partió hacia Basilea junto a 30.000 aficionados culés para enfrentarse al Fortuna Düsseldorf y vivir uno de los partidos de fútbol más vibrantes de la historia.

El partido fue trepidante de principio a fin. El árbitro húngaro Karoly Palotai pitó el silbido inicial a las 20:15 y tan solo 5 minutos después ‘Tente’ Sánchez hizo el primero para los azulgranas. La alegría duró muy poco, puesto que Klaus Allfos, que junto a su hermano Thomas lideraban la delantera alemana, hizo el empate. El partido no tenía freno y Carles Rexach erró un penalti en el 12 pese a ser un especialista. El capitán culer, Asensi, hizo el segundo en el 35, pero, de nuevo, los alemanes consiguieron empatar rápidamente el marcador con un gol de Wolfgang Seel.
El 2-2 se mantuvo hasta el final de los 90 minutos y el partido se vio abocado a la prórroga. Rexach se pudo sacar la espinita del penalti con un gol al inicio de la prórroga y Krankl sentenció el encuentro gracias a una espléndida jugada de ‘Lobo’ Carrasco, que regateo a todos sus rivales para servirle en bandeja un pase de la muerte al ariete austríaco. Los jugadores vieron que tenían el título en la palma de la mano y celebraron el gol por todo lo alto; sin embargo, en el 114 llegó el doblete de Seel y puso el 4-3 en el marcador que hizo temer a todos con lo peor. No obstante, ningún jugador del Düsseldorf pudo doblegar a un Migueli que lideró a la defensa incluso con la clavícula inmovilizada.
Finalmente, llegó el tan ansiado minuto 120 y con él la primera gran victoria del Barça en competición europea. El capitán azulgrana, Asensi, levantó la Recopa ante la afición que se desplazó hasta Basilea y un par de días después se celebró con toda la afición en Barcelona.




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