La debacle de la televisión

El aumento del consumo de las plataformas de pago y la competencia de Internet transforma y rebaja enormemente la audiencia televisiva
La televisión se instaló como medio de comunicación de masas en España en los años 70. Desde entonces, prácticamente en todas las casas había un televisor y la familia entera se reunía para ver los informativos. Con la 1 y la 2, la televisión marcaba los pasos de la sociedad española y en los años 80 seguía creciendo. Pero la llegada en los 90 de los canales privados y en especial Canal+ daría un vuelco a la situación y el status quo empezará a romperse. Hoy en día, Canal+ ya no existe, pero la huella que dejó fue tan grande que alteró el hábito de consumo y sirvió como caldo de cultivo a la llegada de las plataformas digitales.
En instancias iniciales, se consideraba que el hecho de que la televisión fuese pública se legitimaba en tanto que era un medio de comunicación universal y ofrecía servicios educativos, culturales e informativos. No obstante, los contenidos que se ofrecían se estaban empezando a aborrecer y quemar rápidamente, por lo que la televisión necesitaba evolucionar hacia otro tipo de consumo. Hasta entonces, las familias se juntaban frente al televisor y veían programas que les podían parecer incluso inaguantables por qué no encontraban nada mejor.
Pero en los 80 se juntan tres factores que ayudarán a transformar la televisión. En primer lugar, la tecnología espacial y los satélites provocaron que la televisión avanzara hacia la digitalización. En segundo punto es que el espectador empieza a demandar contenidos de calidad y que además le entretengan. Y en tercer lugar, en un corto plazo llegaron las televisiones autonómicas (y poco después llegaron las antenas privadas), hecho que supuso un aumento exponencial de la competencia.
Los años 80 fueron transformadores en todos los sentidos y en la televisión no fue menos. La música se hizo con un hueco central y privilegiado en la parrilla televisiva y nacieron muchos programas basados en ella. Las antenas de televisión pusieron su foco en conseguir entretener a la audiencia, más incluso que en informar. Las horas de emisión aumentaron y se exportaron las primeras series y películas extranjeras.
Ya en los años 90, además de Canal+, llegó la competencia para las cadenas públicas y surgieron las primeras televisiones privadas como Antena 3 y Telecinco. De este modo, lo privado y lo público convivían en un mismo ecosistema mediático y el poder pasa a estar en manos del espectador. Ya con el mando a distancia, es la audiencia quién decide qué consume, provocando una competencia feroz entre cadenas.
Ante el aumento de poder sobre qué consumir, los canales de televisión no solo deben informar y entretener, sino también hacerlo con un estandarte de calidad muy alto. La llegada de Canal+ puso al espectador más en el centro, incluyendo en su catálogo de contenidos películas y series de estreno, el fútbol, programas de información general, late nights… Todos ellos de pago; aparece la capacidad de elección. Quienes podían permitírselo tenían acceso a contenidos exclusivos e incluso les dotaba de cierto estatus; era un privilegio fácilmente accesible por todos.
En 2015 Canal+ fue adquirido por Telefónica y desapareció corporativamente, pero no la idea de la que bebe. En los últimos 10 años se han consolidado muchas plataformas de contenido bajo demanda como Netflix, HBO o Amazon Prime; todas ellas siendo de pago. En estas vemos cada vez más tipos de contenidos y ya no se incluyen únicamente películas y series, sino que también podemos encontrar documentales, reportajes, realities e incluso videojuegos.
La llegada y consolidación de Internet como medio informativo, gracias en gran parte al impulso de las redes sociales, volvió a cambiar por completo el paradigma. Con las redes sociales, el share no es el único método para medir el impacto de un programa. Qué se consume y qué se cuenta ya no es la única pregunta que tiene que responder la televisión, ahora también es el cómo. El espectador tiene con el móvil y el 5G la posibilidad de acceder a cualquier noticia desde cualquier lugar y no necesita estar sentado en el sofá viendo un informativo de una hora. A través de su perfil personal, cualquier usuario puede compartir una noticia al instante y tener las mejores imágenes. El rol en la cadena informativa ha cambiado y la televisión debe ser omnipresente. Es decir, debe informar prácticamente al instante y desde el lugar de los hechos, a su vez que aportar las mejores imágenes para relatarlos. Todo ello sumado a mantener entretenido al espectador durante 24 horas, mezclando contenidos puramente de distracción y diversión con otros de carácter informativo.
La inesperada pandemia por el Covid-19 aceleró, incrementó y culminó todo este proceso hacia el consumo de contenidos en plataformas de pago e hizo de notar en cifras la crisis de la información televisiva. Un estudio realizado por Double Verify en varios países ha determinado que el consumo diario de contenido online se ha duplicado respecto al realizado antes de la pandemia y que la media de horas dedicadas a contenidos en la red ha pasado de las 3 horas y 17 minutos a 6 horas y 59 minutos. El 44% de estos mismos encuestados afirman que utilizan más la televisión (SmartTV) a través de la conexión a Internet.
El Estudio de uso y actitudes de consumo de contenidos digitales más reciente publicado en 2021 por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) muestra que Internet es donde más se consumen vídeos y entretenimiento, pero que además también se ha convertido en la principal fuente de información sobre actualidad. El mismo estudio demuestra cuantitativamente que la televisión tradicional está perdiendo protagonismo, bajando sus ingresos y su audiencia. Y esta diferencia la vemos también en los ingresos de la televisión de pago, que ya representan el 56,6% del total. Por el contrario, los ingresos de la televisión en abierto han bajado un 4% y va perdiendo publicidad.
Y uno de los datos más preocupantes para la televisión es la franja de edad. En España, los jóvenes tienden claramente a mostrar desinterés por la televisión lineal y prefieren consumir contenidos de entretenimiento, siendo estos mayoritariamente realizados desde y para la red.
La televisión ha pasado a compartir protagonismo con los smartphones, tablets y ordenadores. Los informativos están prácticamente obligados a publicar sus noticias en la web, así como lo hacen la radio o los periódicos. Las leyes sobre la información en redes son pocas y blandas, no hay prácticamente regulación al respecto. Por lo que es muy fácil propagar un bulo o fake news y llegar a miles de personas.
Las redes sociales están diseñadas para expandir el contenido presente en ellas de manera rápida y eficaz. La desinformación y la mala información son graves amenazas para la sociedad en general y afectan en gran medida a la figura del periodista. Los usuarios de las redes sociales que consumen la información dudan de la credibilidad de esta y, por ende, también de quién la difunde. Esto pone luz sobre la situación televisiva, ya que el informe del ONTSI muestra que el 42,1% de los españoles sigue acudiendo a medios reconocidos para confirmar una noticia y únicamente un 3,2% lo consulta solo en redes sociales.
Existe una alta preocupación mundial por la desinformación y bulos, incluso antes de que golpeara la crisis del coronavirus. Por ende, el foco no puede centrarse únicamente en la pandemia, la crisis televisiva tiene una clara tendencia que venía de antes y que sigue al alza. Una vez ya finalizado el confinamiento las pautas de consumo siguen la misma línea y la red sigue creciendo mientras que la televisión como medio de comunicación sigue cayendo, cada vez más en picado.



Comentarios