Campeón de corazón y victoria para la historia

Un remate de Messi con el pecho en la prórroga coronó al FC Barcelona como ganador del Mundial de Clubes y el ‘sextete’
En el Mundial de Clubes de 2009 disputado en Abu Dabi, el FC Barcelona de Pep Guardiola aspiraba a lograr un récord histórico: el sextete. Tras los 90 minutos reglamentarios, en la final ante Estudiantes (Argentina), el resultado era 1-1 tras los goles de Boselli y el canterano azulgrana Pedro. A los cinco minutos de la segunda parte de la prórroga, cuando parecía que el partido se iba a decidir en la tanda de penaltis, uno de los muchos centros que Dani Alves había probado durante el partido acabó en gol. Leo Messi se lanzó en plancha hacia el balón para conseguir rematarlo con el escudo, ganar el campeonato y consagrar al Barça como el mejor equipo del planeta.
La temporada anterior se había producido el retorno de Guardiola al Barça, esta vez como entrenador. Su llegada supuso un antes y un después, puesto que se marcharon grandes estrellas (como Ronaldinho o Deco), un grupo de jugadores dieron un paso adelante (Xavi, Iniesta o Messi) y emergieron varios canteranos (como Busquets, Pedro o Piqué). Los de Guardiola practicaron un juego combinativo brillante y arrasaron en todas las competiciones, ganando Liga, Copa, Champions, Supercopa de España y Supercopa de Europa.
En las semifinales del torneo intercontinental, los azulgranas vencieron al Atlante mexicano por 3-1 gracias a los tantos de Busquets, Messi y Pedro. De este modo, el FC Barcelona optaba a conseguir su primer campeonato del mundo de clubes y lograr el hito de ganar los 6 títulos de clubes disputados en año natural (2009). La lesión de Iniesta le apartó de jugar la final y Seydou Keita ocupó su lugar. El resto fue el equipo esperado y que tantas victorias llevaba acumuladas durante el año.
Los rivales en la final, Estudiantes de la Plata, eran un equipo que practicaba un fútbol muy distinto al de Guardiola, por lo que se preveía un partido intenso. Los argentinos se adelantaron en el 37 tras un remate de Boselli y el gol azulgrana se hizo de esperar. Tras mucha persistencia y varias ocasiones desperdiciadas, el canario Pedro puso el empate en el 89 de forma agónica, con mucha más épica que estética. El Barça pudo respirar, el partido se iba a la prórroga y Messi seguía en el campo.
En la prórroga, el equipo consiguió imponer su estilo característico, manteniendo el balón y siendo muy ofensivos. Pese al asedio azulgrana hacia la portería defendida por Damián Albil, el gol no llegaba y acechaba la fatídica tanda de penaltis. Sin embargo, el broche final a esa temporada de récord no podía ser otro. Tenía que ser Messi quien sentenciara a sus compatriotas argentinos.
El centro de Dani Alves no fue del todo bueno y el balón no llegó con la altura necesaria para atestar un remate de cabeza, pero el nombrado mejor jugador del mundo se imaginó un remate poético. El astro argentino llegó desde segunda línea y asestó un golpe al balón con el pecho, el escudo y el corazón que se convirtió en el gol de la victoria. El remate de Messi fue más que un gol. Incluso más que un título. La simbología del momento marcó un antes y un después en la historia del club y del fútbol. La imagen de Messi ganando con un gol rematado con el escudo en el corazón quedó para siempre en la memoria de la afición culé. Los goleadores de la final habían sido dos canteranos: Pedro y Messi, jugadores que representaban los valores y la filosofía del club.



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